En los gustos gastronómicos de la mayoría de gente que conozco están las croquetas, son uno de los platos preferidos, desde la más tierna infancia, de casi el 95% de la población española y son causa de gran polémica ya que las mejores son las de “Mama”, eso sostienen un 50% de los amantes de las croquetas. Pero yo no, mi Mami las hacía geniales pero son mejores las de Mila, mi Suegra que las hace de cine y reto a cualquiera que me lo discuta, es la mejor “croquetera” de la Villa y Corte.
Sus croquetas son puras, no les añade ninguna especia, ni queso, ni nuez moscada, ni pimienta, ni nada de nada, sólo harina, jamón, leche y mantequilla; su sabor es muy delicado ya que están súper trabajadas y la masa es fina y cremosa, muy fluida, sin llegar a líquidas pero sin ser sólidas, todo un prodigio ya que el mérito está en la elaboración: un millón de vueltas a la bechamel hasta llegar a la perfección.
El añadir especias, la nuez moscada y la pimienta van muy bien con las bechameles, es una opción personal de la cocinera, estos “añadidos” les dan un sabor estupendo pero en nuestras croquetas no tienen lugar.
Siento que solo podáis imaginarlas, espero que mis explicaciones os den una idea clara de estas fabulosas croquetas y con un poco de imaginación casi, casi, saborearlas.


































