Cuando llega Semana Santa toda España comienza a vivir la locura de las torrijas, y es que las ricas torrijas son como el “mojo”: que cada uno tiene el suyo y por supuesto “las mías” son las mejores. Este no es el caso, las mejores torrijas que yo he probado son las de Conchita Charfolet, la madre de mis amigas Aurora y Raquel Castillo, que las hace para un “óscar torrijero” y las de la madre de mi amiga Natalia, de ella es la receta. Se ve que las torrijas son cosa de madres.
Para darles un aire personal preparé un almíbar de naranja con toque (le añadí una generosa copa de Cointreau) y confité a la vez la piel de la naranja, que me encanta; el resultado fue estupendo, nos gustaron mucho, el punto borracho estaba genial y quedaron con una presentación muy vistosa. Si tienes niños por supuesto tendrás que preparar dos almíbares.
Utilicé pan especial para torrijas que preparan en una panadería de mi pueblo (en el que vivo actualmente), estaba muy compacto y la miga no tenía “ojos” lo que le hacía perfecto para elaborar mi postre.
En mi pueblo de origen (Albalate del Arzobispo, Teruel) las torrijas no son nada tradicionales, allí se elaboran otros dulces, como las “tortas de pascua” con un bonito huevo duro coloreado o los brazos de gitano rellenos de almendra que se comen el lunes de pascua que me encantan y los recuerdo con mucho cariño, por lo que estas han sido mis primeras torrijas. No estuvo mal la experiencia.







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